Adiós Mamá – (lectura de amor por su pérdida)

Hola Mamá,

Estamos aquí para recordarte, te quiero contar esto porque sé que nos estás escuchando, simplemente porque creo en la vida eterna. Por eso no digo que estamos para darte nuestro último adiós, ya que estoy seguro que todos volveremos a encontrarnos contigo y con todos los seres queridos que algún día perdimos.

Quiero decirte que estoy muy orgulloso de los principios y  los valores que me has dado, soy quien soy gracias a ti, tú me has criado, alimentado,  protegido y me has dado cariño,  pero sobre todo me has enseñado muchos valores, y no me refiero a los valores morales o a los conocimientos, a las lecciones de literatura o de matemáticas, me refiero al legado más importante y difícil que se puede ofrecer a los hijos, que es el valor emocional, pues el valor emocional es irreducible a la vida terrenal o a la inteligencia.  Has dado a tus hijos, por encima de todo, el amor.

Te llamo mamá, porque siempre te he llamado así, he conservado, gracias a ti, ese pedacito de inocencia infantil, algunos lo llaman inmadurez, pero creo recordar que Jesús ponía a los niños como ejemplo a los adultos en muchas ocasiones, Jesús amaba a los niños y deseaba que se acercaran a él, porque el corazón del niño, el amor del niño es puro e inocente y es el mejor modo en que podemos amar al prójimo. Tú, mamá, nos has dado ese amor incondicional, y gracias a ti he conocido en muchas ocasiones el amor verdadero y así he podido transmitirlo.

Te queremos recordar como una persona abierta y alegre, a la par que inocente, porque gracias a tu inocencia podías ofrecer todo ese amor puro y desinteresado. Tú nos ofrecías abnegación, renunciando a ti misma por tus hijos,  incluso en el sufrimiento de tu enfermedad, porque en el Reino de los Cielos no necesitamos nada, vamos tal cual llegamos, excepto con lo que aprendimos y lo que enseñamos, con nuestros actos de amor y de caridad,  como tú mamá realizabas cuando veías la oportunidad con tus seres queridos, con tus amigos y con los que te rodeaban, para hacerles felices.

También recuerdo que amabas a los animales tanto como a las personas, incluso tenías más compasión por aquellos, al ser más débiles e indefensos y hacías lo imposible por ofrecerles cariño y protección, dentro de tu humilde sabiduría

Mamá, a partir de ahora no quiero llorar por ti, quiero estar alegre porque sé que estás en los brazos de Dios, sé que has alcanzado la felicidad eterna y por ello eres más afortunada que todos nosotros que estamos más apegados al cuerpo que al alma, quiero decirte sencillamente hasta pronto y ante todo, te quiero mucho.

Antonio, tu hijo

Madrid, Iglesia Salesianos Atocha. 14 de Marzo de 2012

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