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Mónaco, donde vive el glamour

Recientemente he recordado mis visitas a Mónaco, ya sea por cuestiones profesionales (viajaba al centro tecnológico de Sophia-Antipolis, Niza) o por viaje de ocio. Montecarlo, ese pequeño lugar ubicado estratégicamente en la costa de la Riviera Francesa. Pequeño en extensión pero grandioso en su riqueza, lujo ostentoso, glamour por doquier. Siempre buscaba tiempo para visitar el Principado, recuerdo que mi antigua empresa disponía de un centro de competencia tecnológica situado en un pueblo de las suaves montañas y frondosos bosques mediterráneos de la provenza francesa, en Sophia-Antipolis cerca de Valbonne, rodeados de villas medievales y perfumes de lavanda, azahar, pino y otras esencias aromáticas.

Mónaco, como estado, principado, no se distingue en sus fronteras del resto de los aledaños franceses, cruzas una calle y resulta que ya estás en un pequeño condado francés como Beausoleil. Lo que sí que distingue el lugar donde te encuentras son los precios, los cuales suben o disminuyen exponencialmente según te acerques o alejes del Casino de Monte-Carlo o del Café París u hotel del mismo nombre. Digamos que esa es la milla de oro monegasca, donde puedes disfrutar del ronroneo inconfundible de los motores Ferrari, o la elegancia de un Aston Martin, observar como desfilan mujeres bandera enfundadas en trajes de noche imposibles y joyas deslumbrantes, personajes desconocidos que van y vienen por las escalinatas del casino escoltados por flashes de turistas espontáneos que creen captar una instantánea de algo de ‘glamour’.

Los salones del Hotel París en los 60s fueron escenario de las más suntuosas fiestas que recuerde la era moderna, cuando su afamada princesa de Hollywood y de Mónaco -Grace- logró aglutinar a las celebridades de entonces: príncipes y princesas, condes y duquesas, estrellas de cine: Cary Grant, Ava Gardner, Gregory Peck, Sofia Loren, Gina, Hitchcock, Frank Sinatra…  algunas de sus fiestas rememoraron el esplendor de los bailes de salón en la época del imperio austro-húngaro, donde Grace emuló a Sissí con un vestido de corte real y diamantes a granel. Esas imagenes desfilaban por mi mente mientras veía los aledaños del Café Paris y la esplanada del Casino.

No me siento demasiado cómodo en ese ambiente, aunque tampoco creo estar fuera de sitio, podría acostumbrarme a ese devenir fastuoso, en la vida es más fácil subir cuando estás abajo que caer cuando has llegado a la cumbre…

De cualquier modo, disfruté sobradamente con las incursiones a los pueblos provenzales de alrededor: Eze, Menton, Mougins, Niza.  Merece la pena planificar un viaje por la zona y comer o cenar en alguna de las terrazas improvisadas en los laberintos de las callejuelas de Eze, o en una plaza animada por algún músico con sabor italiano en Menton. Un consejo: si pretendéis hospedaros en Mónaco, buscad un hotel cruzando la calle… la diferencia en precio posiblemente sea alrededor de la mitad  😉

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